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Desesperadamente buscando amas de casa

Amas de casa desorientadas:

Preparando a nuestras hijas para su papel en el hogar

Por Umm Uthman

Yo me case a la madura edad de 25 años. Durante esa etapa, estaba trabajando por tiempo completo y asistiendo a la escuela, terminando mis estudios de pregrado que me habían tomado muchísimo tiempo debido al trabajo y traslados frecuentes. El trabajo, ya sea a tiempo completo o a tiempo parcial, parece haber sido siempre parte de mi vida.

Me acuerdo de cuando le pedí, más bien le rogué, a mis padres que me dejaran trabajar a la edad de 14 años, estando sólo en mi primer año de la secundaria. Para mí no era una necesidad trabajar, alhamdulilah, mis padres me cuidaban bien. Sin embargo, yo veía el trabajo como un escape, una manera de salir de mi hogar estricto donde no podía ni siquiera ir con mis amigas al cine porque mi padre no aprobaba.

Yo vine de una familia católica, y aunque mis padres no eran devotos en su asistencia a la iglesia, sí eran religiosamente tradicionales, parte de la cultura puertorriqueña antigua; así que una niña de mi edad no debía salir sin un acompañante familiar para protegerla. Pero si trabajaba, podía estar afuera respirando aire puro, o al menos el humo de las hamburguesas en la parrilla del McDonald’s local donde conseguí trabajo después de convencerle a mi madre que convenza a mi padre. Tuve que mentir en la solicitud de empleo, diciendo que tenía 16 años en vez de 14 porque legalmente no estaba en edad para trabajar. ¿Por qué McDonald’s nunca verificó mi edad? Eso es un misterio.

Y así comencé a hacer malabares entre el trabajo y la escuela, era un reto, pero me pareció emocionante. Al fin y al cabo, no tenía otras responsabilidades en el hogar, tal vez lavar algunos platos, tal vez limpiar mi habitación cada otra década. Mi mamá hacía el resto. Ella es una buena ama de casa, siempre meticulosamente limpia y detallista. Ella ha tenido años de experiencia y una gran modelo para seguir: mi abuela, quien es nada menos que la personificación de la limpieza y la crianza de hijos. Esa increíble mujer educó a 9 de sus propios hijos y 2 más que mi tía tuvo en su inmadurez (a los 13 años), ayudó a criar algunos de sus otros nietos, manejó su propia hacienda, y lavó ropa a mano bajo el calor inmenso del sol tropical, entre otras tareas inhumanas.

Aunque mi mama era una enfermera graduada, y la única hija de mi abuelita que terminó los estudios secundarios y la universidad, después de mudarse a los estados unidos con mi papá, ella dejó de trabajar por la barrera del idioma, su primer y único idioma siendo el español en esos tiempos. Ella extrañaba el bullicio del hospital, pero para complacer a mi papá, ella se conformó con asumir su nuevo papel de Reina de la Casa. Así que mientras la Reina continuaba con sus labores de mantener la casa resplandeciente, yo trabajaba y estudiaba. Durante el trabajo yo socializaba, conociendo a mucha gente diferente y disfrutando cada minuto de mi libertad limitada. Cuando cumplí los 16 años, me cambie a otro trabajo legalmente, sin tener que ocultar mi verdadera edad, y finalmente deje de trabajar a los 17 años para poder terminar la secundaria y comencé de nuevo después de mi graduación.

Al empezar la universidad no sabía en que dirección me dirigía. Cambie mi especialización varias veces y añadía y eliminaba clases frecuentemente, pero siempre disfrutaba de mi trabajo. No fue hasta llegar a la edad de 22 años (ya musulmana en ese tiempo, alhamdulilah) que me di cuenta que tenía que estabilizarme, así que escogí una especialidad y la mantuve aunque no estaba segura de mi selección. Más sin embargo, no deje de trabajar, de hecho, acercándose el final de mis estudios, estaba trabajando dos trabajos, uno de tiempo completo y uno de tiempo parcial, más tenía una carga de estudio completa. ¡Estaba adicta al trabajo!

Finalmente, cuando se aproximaba mi graduación, Allah me presentó con una oportunidad para casarme. El hermano vivía a dos estados de distancia, pero su carácter y su fe me parecían prometedores. Una de las preguntas más importantes que le hice a mi posible-futuro-esposo fue, “¿Tú dejaras que tu esposa trabaje? Y añadí, “Porque yo sí planeo hacerlo.” Él estuvo de acuerdo aunque sabía que como un hombre musulmán, la responsabilidad económica era completamente suya. Yo hasta pude convencer a mi futuro esposo que le pida a su trabajo que lo trasladaran a mi ciudad para que yo pudiera continuar con mis estudios (porque quería hacer un posgrado) y mi carrera. Como su compañía era grande y tenía oficinas cercanas, su jefe se mostró optimista, pero tenía que hablar con sus superiores para confirmarlo. Me sentí sumamente satisfecha que podía continuar con mis planes y seguimos adelante con el nikkah.

Pero Allah tenía otros planes. El día de mi graduación mi esposo recibió una llamada telefónica de su jefe diciéndole que no le podían trasladar; él tendría que seguir trabajando en su estado de origen. Mi corazón se hundió, pero ya estaba casada y no había marcha atrás. Yo podría buscar otro trabajo, y podía terminar mi posgrado en otra universidad, no importaba. Unas cuantas semanas después, me encontré viviendo en un nuevo estado, en un lugar donde no conocía a nadie excepto a mi esposo y a su familia, pero hasta ellos vivían lejos. Las calles no eran familiares y la carretera parecía peligrosa. Tenía miedo de manejar ahí, así que pensé que tendría que conseguir un trabajo cerca a mi casa. Mientras tanto trate de acostumbrarme a la vida matrimonial. Estuve al punto de pánico cuando me di cuenta que tendría que cocinar para mi esposo y limpiar la casa. Yo no sabía como hacer eso, por lo menos, no muy bien. Un día mi esposo me indicó que mis pelos estaban por todo el piso. “¿Qué importa?” pensé yo, “¡Límpialo entonces!” Al fin y al cabo, eso es lo que mi madre hubiera hecho, no señalármelos como si yo estaba obligada a hacer algo al respecto. Pero la realidad era que sí, debía hacer algo. Busque con más ansias un trabajo para tener una excusa para no asumir totalmente mis responsabilidades en la casa.

Alhamdulillah, rápidamente conseguí un trabajo como maestra de español en una escuela que estaba ubicada a menos de dos millas de mi casa. Era un alivio comenzar a trabajar otra vez aunque realmente el trabajo no me gustaba tanto. La enseñanza era demasiado estresante; sentí que se esperaba que entretuviera a los estudiantes más que enseñarles aunque ellos eran ya mayores de edad. Como a mitad del año escolar, comencé a notar algunos cambios raros en mí, más que nada estaba cansadísima y sufriendo de mareos. Después de algún tiempo se confirmo la noticia: estaba embarazada.

Masha’Allah, fue una noticia maravillosa, pero también inquietante. ¿Cómo cambiaría yo tras este nuevo capítulo en mi vida? El embarazo no sólo viene con alegría, sino también con preocupaciones y responsabilidades. Parte de estas preocupaciones me comenzaron a afectar en mi trabajo, y también físicamente, tanto así que tuve que dejar de trabajar… por primera vez en hacía mucho tiempo. Yo pensé en buscar otro trabajo menos exigente, pero ¿Quién me contrataría sabiendo que en unos meses tendrían que darme licencia de maternidad? Me sentí fuera de mi elemento. SubhanAllah. ¡Yo no estaba entrenada para ser un ama de casa… una madre casera!

Eso era mi vida hace 5 años. No he trabajado un día desde ese entonces, excepto en mi casa, criando a mis dos hijos, enseñándoles, entreteniéndolos, cocinando, y limpiando. Y para ser honesta, todavía no creo que lo haga muy bien. Eso fue lo que me inspiró a escribir este artículo, porque lo que me paso a mí no fue sólo casualidad. Es un subproducto del llamado “movimiento femenino”, cuyo objetivo es forzar a las niñas a pensar que deben enfocarse en competir con el sexo masculino en el campo del trabajo para poder lograr el éxito, en lugar de adquirir el conocimiento necesario para criar buenos hijos y mantener un hogar. Allah ha identificado nuestros derechos y responsabilidades en el Corán, donde Él dice,

"Los hombres están a cargo de las mujeres debido a la preferencia que Allah ha tenido con ellos, y deben mantenerlas con sus bienes. Las mujeres piadosas obedecen a Allah y a sus maridos, y cuidan en ausencia de ellos [su honor y sus bienes] encomendándose a Allah…" (El Noble Corán, Capítulo An Nisa/Las mujeres 4:34)

Y si eso no está claro suficiente para nosotros, también tenemos el hikmah (la sabiduría) de nuestro querido Profeta Muhammad, que la paz este con él, como una guía. Él también explicó los papeles principales de los hombres y las mujeres en el siguiente hadiz:

"Ha sido narrado por la autoridad de Ibn Omar que el Profeta (que la paz este con él) dijo: Tengan cuidado. Cada uno de ustedes es un pastor y cada uno es responsable por su rebaño. El Califa es un pastor para su gente y será interrogado acerca de ellos (por como condujo los asuntos de ellos). Un hombre es un guardián sobre los miembros de su familia y será interrogado acerca de ellos (en cuanto a como cuido de ellos físicamente y moralmente). Una mujer está a cargo de la casa de su esposo y sus hijos y será interrogada acerca de ellos (con respecto a como manejó su hogar y crió a sus hijos). Un sirviente es un guardián sobre la propiedad de su patrón y será interrogado por eso (por cómo protegió lo que estaba bajo su confianza). Tengan cuidado; cada uno de ustedes es un guardián y cada uno de ustedes será interrogado acerca de sus responsabilidades." (Sajih Muslim, Libro 020, Hadiz 4496)

Esto no quiere decir que una mujer no puede tener metas profesionales o ambiciones. Significa que sus prioridades deben ser su familia y el mantener su hogar de la manera más excelente. Si puede hacer esto mientras trabaja, entonces que Allah la bendiga con mucho éxito en todos sus asuntos. Sin embargo, nosotros como padres necesitamos inculcar la disciplina en nuestras jóvenes y enseñarles cómo cuidar de la casa y como manejar su tiempo para que puedan completar sus quehaceres, al igual que sus estudios. En vez de empujarles a que sean doctoras o ingenieras y que sólo se enfoquen en sus carreras, y que pospongan el matrimonio, debemos demostrarles cómo vivir una vida balanceada. Eso es más práctico y más saludable para una mujer. Allah dice en el Corán,

"No codiciéis lo que Allah ha concedido a unos más que a otros. Tanto los hombres como las mujeres recibirán su merecido. Pedid a Allah que os conceda Su favor. Allah es conocedor de todas las cosas." (El Noble Corán, Capítulo An Nisa/Las mujeres 4:32)

Está es la igualdad que debemos lograr. No la “igualdad” en los asuntos de género.

En mi caso, por la Misericordia de Allah y después de un tiempo, yo fui capaz de asimilar a mi papel, pero todavía estoy en el proceso y muchos días pasan en los cuales me pregunto si debo regresar al trabajo. Durante esos tiempos, yo pienso en mis hijos y cómo y dónde y con quién los dejaría. Yo seré la que tendrá que responder por ellos, no la guardería, no la niñera, no sus abuelos. Y hablando de manera realista, ¿será suficiente mi sueldo para cubrir los gastos para su cuidado? A veces me parece que el trabajo realmente no vale la pena. Algunas de mis amigas pueden balancear el trabajo y su vida familiar, masha’Allah, sin embargo ellas admiten que es difícil y la mayoría lo hacen por necesidad.

De nuevo repito que nos incumbe enseñarles a nuestros hijos las responsabilidades del hogar. Hasta los niños deben aprender los quehaceres de la casa porque el Profeta, que la paz este con él, cosía sus propias medias. ¿Debemos esperar menos de nuestros hijos? No, debemos empujarlos a imitar el Profeta, que la paz este con él, en todo. Esto no sólo les enseña la responsabilidad y la humildad, sino que también los prepara en caso de que ellos se casen con una de estas pobres niñas que han sido programadas a pensar únicamente en su escritorio o en su computadora. Por lo menos el esposo podrá ayudarla con el trabajo casero y no esperar que ella aprenda instantáneamente su papel en la casa. Tampoco se debe esperar que la esposa sea la que haga todo. Para mí, hubiese sido mejor si mi mamá me hubiera empujado más a aprender mis deberes como mujer, pero yo preferí escoger el camino más difícil. Tal vez podamos enseñarles a nuestros hijos cómo triunfar en todas las avenidas de la vida, no sólo en sus estudios; al fin y al cabo, somos sus ejemplos.

Que Allah nos guie a todos al Camino Recto y nos mantenga firmes en este Dín y que nos haga los mejores padres para nuestros hijos. Amín.

Done Hoy